La dama del básquet

Yolanda Beatriz Romero de Chiappero, 90 años. La dama del básquet. Siete décadas atrás, integró el primer equipo femenino de básquet de nuestra ciudad, con los colores de San Isidro. Polleras largas, dobles y triples en un playón al aire libre. Un mano a mano imperdible, lleno de nostalgia.

Yolanda y una vida de pasión por la “naranja” | Foros: Marcelo Suppo | LVSJ

Por Luciano Olivero | LVSJ 

La cita era en su casa. A las 18 del pasado jueves. Su dama de compañía nos abre la puerta, ella espera sentada al borde de la mesa, luce una sonrisa bellísima, tan bella, que logra ocultar ese rostro lleno de huellas que le regalaron sus lúcidos 90 años.

En sus manos tiene una foto, la foto. Un grupo de adolescentes niñas con polleras largas, con un playón de fondo y la pelota de básquet en el centro de la escena. La mira una y otra vez, nos mira, sus ojos nos avisan que desborda de ganas de contar su historia, está historia que convive en su corazón hace ya siete décadas y medias: "Que alegría que vengan a visitarme, yo en una nota, nunca lo imaginé" nos dice Yolanda mientras tomamos asiento.

Allá por 1945, el "profe" Gilabert decidió juntar niñas de la escuela normal y formar un equipo de básquet femenino. San Isidro le prestó el playón de sus instalaciones por 9 de septiembre y al aire libre, la "americana" iba de un lado a otro. Tan dulces, como elegantes. Polleras largas e incomodas, nada de eso importaba, solo la felicidad de saber que estaban siendo parte de la historia, dándole vida al primer equipo femenino de básquet de la ciudad. 

Yolanda Beatriz Romero de Chiapppero fue parte de ese equipo. No jugó durante muchos años, pero estuvo el día que tuvo que estar, cuando nació todo. El destino la cambió de escuela, el básquet se perdió en su vida y se tuvo instalar en el campo a vivir. No fue lo que ella soñó, pero fue tan fuerte, que su amor por este deporte jamás murió, todo lo contrario, han pasado 75 años que destiñeron una y miles de pelotas, pero nunca su memoria, intacta y mejor que nunca.

Yolanda fue cocinera y portera en la Escuela 1001, fue esposa, es madre, abuela y bisabuela, luce su historia con mucho orgullo. De todos modos, en los cientos y cientos de capítulos que narran sus 90 años, el que recuerda su paso como jugadora de básquet, es el que más nostalgia le produce.

-¿Cuándo comenzó tu romance con el básquet?

"Yo empecé a jugar cuando tenía unos 15 años, es decir estamos hablando de 75 años atrás, en 1945, cuando todavía no había nada, se estaba empezando a formar un equipo de básquet femenino y me invitaron, las chicas se iban sumando lentamente, yo decidí hacerlo y ahí empezó mí romance con este deporte"

-¿Dónde se jugaba en aquella época?

"Jugábamos en San Isidro donde está la pileta, en ese predio está el playón, ahí jugábamos en esa época, al aire libre, no había otra cancha, no había liga, ni campeonatos, no había otro equipo, después más adelante se empezaron a armar otros equipos, fue ya cuando yo por cuestiones personales tuve que dejar de jugar"

-Tuviste que dejar...

Yo iba al normal,  pero me tuve que pasar al Nacional y ahí deje, esta foto que muestro es de todas chicas del Normal, ellas después siguieron jugando, ya sin mí que me empecé a alejar, la verdad que fue un momento muy hermoso de mí vida.

-¿Tenían entrenamientos, como organizaban la semana?

Claro que sí, nos gustó tanto que pusimos días para entrenar con el profesor Gilabert, al menos dos veces por semana íbamos a jugar y entrenar, jugábamos con polleras, no con pantalones, imagínate lo difícil que era jugar con esas polleras largas, increíbles recuerdos.

-¿Cómo se da el armado de este primer equipo?

Estaba el "profe" Gilabert, él me conocía a mí, un día me dice en la escuela, "no queres practicar básquet", me había dicho que quería armar un equipo, tenía varias chicas anotadas y yo me anoté, mí mamá incluso me compró el uniforme, entrenábamos y jugábamos sola, sé que después de que yo me fui se armó un campeonato, ya apareció un equipo de El Ceibo.

-¿Ustedes representaban a San Isidro?

Claro, San Isidro se llamaba el equipo porque éramos las únicas, todas chicas del Normal, allá por 1945, como San Isidro nos prestaba la cancha para jugar al aire libre, representábamos al club, recién un par de años después se armó El Ceibo.

 -¿Qué te seduzco del mundo del básquet?

 Todo, para mí si tiene que existir un deporte de mujeres tiene que ser el básquet, es mucho más femenino, ahora está de moda el fútbol femenino, pero no lo comparto, para mí la mujer tiene que jugar básquet, yo me enamoré enseguida de este deporte, después siempre lo extrañé, la vida me alejó, tuve que buscar un camino familiar lejos de la pelota, siempre extrañaba.

-Este es un amor que lleva 75 años...

Y que nunca se apagó, estoy siempre atenta a todas las noticias de básquet, escuchó y me informó todo sobre San Isidro a mis 90 años, para mí el básquet es todo, un deporte muy amistoso, el básquet une, a mí me encantó eso.

-¿Te acordás que clase de jugadora era?

No, no lo recuerdo, no recuerdo el puesto, jugaba, corría mucho, era de ir al frente, pero no recuerdo mucho de mí función, ya la memoria no me deja llegar a eso.

-El básquet femenino ha tenido un gran crecimiento en los últimos años...

Eso me encanta, como dije antes, para mí la mujer tiene que jugar básquet, no me gusta el fútbol de mujeres, pero es cuestión de gustos, no estoy en contra de que elijan el deporte que quieran.

-¿Qué decía tu familia en aquel entonces sobre tu llegada al básquet?

Nada, ellos estaban en otra cosa, mí mamá solo me compró el uniforme, después mis padres no dijeron  nada, eran tiempos distintos, no se apoyaba tanto a los hijos en este tipo de cosas, incluso mis hermanos no decían nada, yo hice muchas amigas en ese momento, después me separé por que cambié de escuela, no supe más nada de las chicas.

¿Recuerdas cómo formaba aquel primer equipo femenino de San Isidro?

-En la foto está el "profe" Madueri, Beatriz Vitale, Picco, Arnaudo, Valenzuela, Zurbriggen, Stassi, el "profe" Gilabert, Valentini, yo Romero, Sileoni, Silva y otra Sileoni, ese era el primer equipo femenino en 1945.

-Haber sido parte de la historia de San Isidro, te hace tener un amor especial por este club...

-Sin dudas, estoy atento a todo lo que pase con San Isidro, escucho mucho la radio, veo a veces cuando hablan en la televisión, pero si o si pido saber los resultados, que me cuenten como viene, me encanta San Isidro.

-¿En tu historia de cocinera y portera de la Escuela 1001, cortaste algún partido de básquet tocando el timbre?

(risas) Muchos, jugaban los chicos en el patio y yo me desbordaba de nostalgia siempre, los veía, me acodaba del juego, del uniforme con la pollera larga, siempre tuve nostalgia cuando veía a los chicos jugar al básquet en la escuela.

-¿Hay herederos de esta pasión?

Ahora tengo a mí bisnieto jugando, antes jugaba mí nieto Franco, él jugó en El Tala, mí bisnieto se llama Tomás ahora y tiene 5 años, Franco ya es grande y jugó hace años pero ahora dejó, por eso ahora los ojos están en Tomás que juega para Alumni, juega torneos, me encantaría verlo jugar, pero con mí edad no salgo de casa, es difícil poder verlo, pero es lindo que alguien de la familia siga el deporte.

-Es fanática del básquet, su marido del fútbol...

Mi esposo vivía por Sportivo Belgrano, para él jamás Sportivo jugaba mal, un día se golpeó y le tuvieron que cortar una pierna, desde el club le trajeron la camiseta firmada por todos los jugadores porque no podía ir más a la cancha, muy fanático era "Chocho", me acuerdo y me emocionó, el día que lo perdí, mí nieto le puso la camiseta de Sportivo junto y lo despedimos con su amor, es muy emocionante este recuerdo para mí.

-No jugaste muchos años, pero el básquet te dejó una enorme huella...

Sin dudas, amo el básquet, es lo que siempre hubiese querido hacer y se me fue, me encanta este deporte, pero cambié de escuela y después me fui a vivir al campo y me alejé de todo, me dolió alejarme, me dolió porque cerré una etapa de mí vida que no quería cerrar.

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"Esta foto me provoca mucha tristeza"

Yolanda exhibe esta hermosa postal de 1945 en sus manos, con el primer equipo femenino de la ciudad. La mira, sus ojos dan aviso de eso, se entristece y se sumerge en un mundo de nostalgia, respira e intenta hablar: " A mí me da mucha tristeza esta foto, eran tiempos llenos de ilusiones y después no llegué a nada, me hubiese encantado seguir jugando, yo en mí casa no tenía a nadie que me apoye, las chicas recuerdo se juntaban en sus casas, yo a mí casa no llevaba a nadie porque era muy humilde, me quedé llena de ilusión en aquel entonces, me hubiese encantado seguir jugando, perdón que lo diga, pero se me llenan los ojos de lágrimas" cuenta mientras mira el retrato de 75 años atrás.

"Yo me acuerdo cuando nos sacaron esta foto, fue está y algunas más, yo las tenía a todas, después se me perdieron, pero me quedó esta, hace unos meses la quise buscar y no la encontraba, me había puesto triste, cuando ustedes me llamaron que venían a visitarme, la buscamos bien y la encontramos, es lindo tenerla, pero me provoca muchos recuerdos y eso me da tristeza".

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"Algún día escribiré un poema sobre el básquet y mí vida"

Romero tiene un amor especial por la literatura. No solo cuenta con un antaño mueble repleto de libros, sino que además conserva textos escritos por ella a mano, con tinta. Una letra perfecta, cursiva, clara, legible y prolija. El pulso intacto, como cuando tenía 15 años y tiraba de triple. Su mano, por suerte, nunca se enteró aún, que ya tiene nueve décadas de vida: "Escribo mucho, no salgo afuera de mí casa nunca, una materia pendiente en mí vida es ponerme a escribir sobre básquet, sobre este deporte y todo su significado, escribo sobre la soledad, sobre lo que es la vida, al texto de la vida le puse "La Escalera" de título, también escribí la historia de mi abuelo, su historia en 1800 y algo, su llegada  nuestro país, escribo continuamente de todo, sobre todo, pero nunca escribí de básquet, me tengo que poner a hacerlo, incluso tengo una carta escrita para mí nieta, algún día la leerá"

-¿Así pasas tus días, escribiendo?

-Sí, escribo, leo mucho, miro tele, escucho mucha radio durante la mañana, desayuno cerca de las 9, no me levanto tan temprano, me encanta mucho ver programas sobre política, de tanto que escucho y veo, por ahí me siento a escribir, la verdad es que la literatura es importante para mí, eso me ayudó mucho con la memoria durante todo este tiempo.

Fotos: Marcelo Suppo | LVSJ