“Sumergidos” en su pasión

Desde hace casi veinte años compone el espectro deportivo de la ciudad en el que fue afianzándose a través de una constante convocatoria. Actividad física que como tal presenta una serie de beneficios para la salud y que aquí se practica de manera recreativa quizás por aquello de poder llegar a disfrutar de un paisaje submarino.

Las escuela de buceo hoy funciona en el natatorio del Club San Isidro (Fotos: Manuel Ruiz | La Voz de San Justo)

Así el buceo se transformó en una seductora alternativa deportiva para la ciudad y la región de la mano de Julio Kohan quien allá por el año 2010 puso en marcha la escuela que hoy funciona en el natatorio del Club San Isidro. El instructor en diálogo con LA VOZ DE SAN JUSTO aludió a la disciplina que practica hace veinte años y de la que dijo es como "volar debajo del agua".

La necesidad de compartir su experiencia y brindarle la mayor facilidad a la gente para practicar la actividad dio paso a la creación de la escuela de buceo, curiosa iniciativa por aquellos tiempos. 

"Fue una idea rara pero quise traer algo nuevo a la ciudad. El deseo era que muchos pudieran acceder a este deporte sin tener que irse a otro lado como me ocurrió a mí. Que la gente pudiera tener esa posibilidad al alcance de la mano, poder acceder más fácilmente y hacerlo durante cualquier momento del año".

"La verdad que es una satisfacción muy grande haber desarrollado una actividad desde cero", agregó.

Una docencia que se prolongó en el tiempo a través de la adhesión de la gente. "La gente se fue incorporando de manera constante. Del 2010 hasta el presente no paré. Son muchos los que pasaron, pero igualmente mi trabajo es más bien personalizado así que no armo grupos grandes".

"Te repito, la enseñanza es personalizada porque hay que estar atento en el desarrollo de cada alumno, si bien el agua es placentera también es de riesgo". 

"Es una actividad permanente, porque una vez que termina el curso inicial, quiere hacer el más avanzado para ir un poco más profundo, para bucear de noche, para hacer inmersiones un poquito más difíciles".

Acerca de las edades de quienes concurren a las clases indicó: "Es muy variado el tema de la edad. Por lo general es aconsejable hacerlo desde los 12 años en adelante, y después no hay límite de edad mientras el alumno goce de buena salud. Al curso concurren también mujeres, matrimonios, es una actividad que se difundió mucho".

Así también comentó que se ejercita el buceo adaptado. "Se sabe que el buceo mejora las habilidades psicomotrices y la verdad que trabajar con gente con capacidades diferentes es muy gratificante, ellos disfrutan plenamente de la actividad".

Las clases son teóricas- prácticas. Además al alumnado se les proporciona el equipamiento correspondiente. "Como mínimo el curso es de un mes y medio, a partir de ahí voy evaluando a cada persona, si tiene más o menos dificultades, si hay que dedicarle más tiempo. No llevo a nadie a aguas abiertas que no esté capacitado para hacerlo". 

"Para ir a aguas abiertas se debe terminar el curso porque hay que adquirir todas las habilidades para largarse al agua. Una vez allí se hacen las inmersiones obligatorias para tener la certificación. Se trata de un viaje de estudio".

"Después están los viajes de placer como lo de Mar Rojo que hicimos en junio pasado donde fuimos con todos buzos certificados", recordando que su escuela está afiliada a la SSI (Escuela Internacional de Buceo).

"En el curso está incluido el uso de todo el equipo, los manuales para estudiar porque hay una parte teórica que estudia física, fisiología, porque debemos saber respirar, evitar el dolor de oídos, controlar la flotabilidad, o que no se nos salga el regulador de la boca, por ejemplo. Situaciones que estudiando y entrenando se puedan resolver de manera eficaz".

"Además de las clases en pileta que son los sábados en San Isidro, hacemos viajes a Salto, Uruguay donde tenemos jornadas de entrenamiento en una cantera", completó.

Finalmente Kohan invitó a aquellos interesados en descubrir la disciplina de la que dijo "es una sensación especial, única. Se controla la flotabilidad lo que hace que no toquemos el fondo y tampoco nos vayamos para arriba".

"Es como volar debajo del agua", cerró en una forma de graficar esa pasión en la que lleva años "sumergido" junto a sus alumnos.