Casco se recibió de “profe”

Devenido en entrenador, Abel Isaac Casco montó su propio gimnasio que inaugurará próximamente, al tiempo que proyecta su pelea de despedida

Calle Iturraspe al 825. El inmueble ubicado en esa dirección hoy luce una fisonomía distinta, en él se respira un clima saludable. Donde hasta hace poco tiempo funcionaba un bar ahora se transformó en un espacio deportivo. Un nuevo gimnasio de boxeo en el que se ultiman detalles para su inauguración oficial prevista para el próximo 24 de noviembre, aunque la actividad en el mismo no se hizo esperar.

Auspicioso emprendimiento para quien en el "ring de la vida" sigue luchando a brazo partido, con la intención de dejar el mejor y más sano mensaje basado en la autoridad moral que le compete tras haber conocido el 'infierno' de la adicción a la cocaína.

En ese sentido, con evidente responsabilidad, diariamente reparte sus compromisos. Por la mañana cumple con sus tareas de mantenimiento en

en Cruz Verde, y en la otra mitad de la jornada se entrega de cuerpo y alma a su gran pasión: el boxeo.

Claro que esta vez asumió el rol de entrenador, una función en la que quiere crecer y a través de la cual poder transmitir sanos valores, una manera de devolver tanta contención y confianza recibida en un momento donde la vida le "tiró la toalla".

Por ello se siente feliz, agradecido, compenetrado en esta nueva tarea donde con mucho esmero atiende a sus más de 50 alumnos, entre varones y mujeres de diferentes estratos sociales.

De extrovertida y modesta personalidad, dueño de un franco como singular léxico, Abel Isaac Casco, en diálogo con LA VOZ DE SAN JUSTO, aludió a su positiva actualidad que lo muestra al frente del "Casco Box" como así también al propósito de retirarse oficialmente de la actividad arriba del ring.

-¿Imaginabas tener tu gimnasio propio?

-Nunca pensé tener un gimnasio, mirá que estuve en la droga, estuve mal, caído, sin trabajo, sin el boxeo, me sentía tirado. Pero mi tío Roberto me apoyó, mi papá y mi mamá también y salimos adelante con un tratamiento.

Después gracias a mi tío entré en Cruz Verde, empecé a estudiar y me recibí de enfermero. Franco y Antonio Di Monte creyeron en mí, y me apoyaron dándome trabajo.

Un día les comenté que iba a poner un gimnasio que me prestaban y arranqué pero los chicos me dijeron que se sentían incómodos y entonces nos fuimos de ahí. Después conseguimos este lugar que es de mi prima y lo alquilé gracias a la garantía de Franco Di Monte y mi tío.

-¿Cuántos alumnos tenés?

-Tengo arriba de 50 alumnos. Hay chicos que no pueden pagar su cuota, no importa, seguimos igual para arriba. Total no me voy a hacer millonario, además quiero hacer lo que amo, que es el boxeo, es mi vida.

La verdad que vienen muchos, soy un boxeador reconocido, pero la gente viene porque me quiere. También debo decir que tienen la cobertura de Cruz Verde en caso de accidentes.

Hoy en día tengo 4 chicos para debutar, tres varones y una mujer, pero no los voy a hacer subir al ring hasta que estén bien entrenados.

-Ya empezaste a trabajar pero todavía estás armando el local...

-Empezamos a comprar de a poquito porque arranqué con dos bolsas. Después mis amigos Toni Taborda y Lincho Ledebur me armaron el ring y me lo pintaron.

-¿En que fecha será la inauguración?

-Tengo pensado inaugurar el 24 de noviembre porque es mi cumpleaños (35), cuando lo inaugure me va a estallar el corazón.

Lo voy a tomar como mi mejor regalo, porque la verdad es que se hizo realidad mi sueño que por ahí pensé en que no lo podía cumplir porque no cualquiera manoplea, no cualquiera es entrenador, no cualquiera tiene paciencia.

-¿A propósito cómo te desempeñas en tu nuevo rol?

-Bueno, yo digo que soy un entrenador con ganas de crecer y mis alumnos tienen ganas de entrenar.

Mucha gente viene a visitarme, están contentos porque estuve mal y hoy en día tengo mi propio gimnasio y otros que la cuenten como quieran.

Yo amo a mis alumnos y ellos a mí. Hago de psicólogo, de papá, de mamá, porque les doy cariño, y trato de enseñarles el boxeo para su defensa y no para que peleen en la calle.

Otra de las cosas que les enseño es el respeto. Acá tengo 16 mujeres y vienen hasta familias, el esposo, la esposa y el hijo. Tengo hasta chiquitos de 7 a 10 años con la autorización de los papás. Vienen de todos los niveles sociales y trabajan mezclados para aprender una mejor convivencia.

-¿Tus pupilos te llaman de alguna manera especial?

-Me dicen "profe" y yo digo que onda?, pero me siento feliz. Te saludan por todos lados como un 'profesor', y me digo 'que lindo es todo esto', pero siempre con humildad.

Me encanta ser entrenador, quiero estar adentro de mis alumnos, a veces los reto pero de buena manera, y si se sienten incómodos siempre quiero que me lo digan, porque acá está su amigo, su entrenador, su hermano, su papá.

-En ese sentido tomaste nota de don Adolfo Robledo...

-Y Adolfo es mi segundo papá, el me iba sacar de las esquinas cuando a los 15 años con mi hermano andaba a los tiros, y él con su bici me iba a buscar y también nos daba algunas cachetadas.

El viene al gimnasio y se le respeta el concejo o lo que pueda decir. Yo quiero mostrar lo bueno y lo malo de mí. Me drogué, anduve a los tiros, peleando en la calle. Eso está mal y quiero que los chicos sepan conducirse, respetando a todos.

-¿Seguís con el tratamiento?

-Hace unos meses dejé de ir a la Casa San Francisco de Asís de la Asociación Nazarateh (centro de rehabilitación que funciona en Ramón y Cajal y Belgrano) pero estoy a full con mi trabajo de 7 a 12 y el gimnasio donde estoy de 14 a 22.

La adicción está siempre en puerta, pero ahora me ocupo de los chicos y estoy en otra, tratando de crecer con el gimnasio y seguir por el buen camino.

No puedo fallarle a los muchos que me ayudaron, los chicos no pueden venir y encontrar el gimnasio cerrado porque el Isaac 'se encaravanó o se drogó', no.

-¿Todavía pensás en tu pelea de despedida?

-Tengo ganas de hacer la pelea de despedida y el año que viene la voy a hacer porque se lo prometí a varios. No sé si voy a hacer dos o tres peleas, pero la despedida la voy a hacer porque me siento bien, el corazón me da y el estado también, tengo unos kilitos de más pero los puedo bajar, además tengo mi gimnasio, je, y puedo entrenar a cualquier hora.

-¿Deseas agregar algo más?

-Quiero agradecer a mi tío Roberto que me sacó de la adicción, a mi familia, a Franco y Arturo Di Monte que me dieron trabajo, a toda la gente de Cruz Verde, mi encargada Mari que confió en mí y quien fue mi profesora cuando me recibí de enfermero.

También a Carnes Leo, 'al Man' (Marcelo Banegas), Mauri Carrizo quienes me donaron elementos para el gimnasio, a 'Toni' Taborda y al 'Lincho' Ledebur que me hicieron el ring, al 'Tato' Duarte que me ayuda con los pibes y a LA VOZ DE SAN JUSTO que siempre me tiene en cuenta.

El grabador se apagó y ya estuvo presto para supervisar el entrenamiento de sus dirigidos. No porta otro diploma más que ese que la vida le otorgó por haber superado con éxito duras pruebas del destino y el que avala su condición de "profe" como lo llaman sus alumnos, una suerte de "título" que no deja de causarle extrañeza, pero que lo hace inmensamente feliz.

 

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